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El Obispo de Roma está llamado a confirmar en la fe, el amor y la unidad-Papa Francisco.

VATICANO, 29 Jun. 13 / 09:15 am (ACI/EWTN Noticias).- Al celebrarse hoy el “Día del Papa”, la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa Francisco destacó que el Obispo de Roma está llamado a confirmar en la fe, el amor y la unidad.

En la Misa presidida en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre destacó la presencia de obispos de todo el mundo -entre ellos los 34 arzobispos que recibieron el palio arzobispal esta mañana- lo que le da “un tono de mayor alegría” y “es una gran riqueza que, en cierto modo, nos permite revivir el acontecimiento de Pentecostés: hoy, como entonces, la fe de la Iglesia habla en todas las lenguas y quiere unir a los pueblos en una sola familia”.

Francisco se refirió luego a “tres ideas sobre el ministerio petrino, guiadas por el verbo ‘confirmar’. ¿Qué está llamado a confirmar el Obispo de Roma?”.

Ante todo, dijo, el Obispo de Roma está llamado a “confirmar en la fe. El Evangelio habla de la confesión de Pedro: ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’, una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. Y, a raíz de esta confesión, Jesús le dice: ‘Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’”.

“El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su fundamento en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto”.

El Santo Padre indicó que “en la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre. ‘Se puso a increparlo: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor!’. Y Jesús tiene palabras duras con él: ‘Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo’”.

“Cuando dejamos que prevalezcan nuestras Ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia”.

A continuación, el Papa reflexionó sobre el llamado a “confirmar en el amor”, y recordó “las palabras conmovedoras de San Pablo: ‘He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe’”.

¿De qué combate se trata? No el de las armas humanas, que por desgracia todavía ensangrientan el mundo; sino el combate del martirio. San Pablo sólo tiene un arma: el mensaje de Cristo y la entrega de toda su vida por Cristo y por los demás”.

El Santo Padre subrayó que “precisamente su exponerse en primera persona, su dejarse consumar por el evangelio, el hacerse todo para todos, sin reservas, lo que lo ha hecho creíble y ha edificado la Iglesia. El Obispo de Roma está llamado a vivir y a confirmar en este amor a Jesús y a todos sin distinción, límites o barreras”.

“Y no sólo el Obispo de Roma: todos ustedes, nuevos arzobispos y obispos, tienen la misma tarea: dejarse consumir por el Evangelio, hacerse todo a todos. La tarea de no ahorrar, de salir de sí al servicio del santo pueblo fiel de Dios”.

Francisco indicó luego que al hablar de “confirmar en la unidad” se refiere “al gesto que hemos realizado. El palio es símbolo de comunión con el Sucesor de Pedro, ‘principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión’”.

“Vuestra presencia hoy, queridos hermanos, es el signo de que la comunión de la Iglesia no significa uniformidad. El Vaticano II, refiriéndose a la estructura jerárquica de la Iglesia, afirma que el Señor ‘con estos apóstoles formó una especie de Colegio o grupo estable, y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él’”.

“Confirmar en la unidad: el Sínodo de los Obispos, en armonía con el primado”, indicó.

Francisco señaló que “debemos ir por este camino de la sinodalidad, crecer en armonía con el servicio del primado. Y prosigue el Concilio: ‘Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del Pueblo de Dios’. La variedad en la Iglesia, que es una gran riqueza, se funde siempre en la armonía de la unidad, como un gran mosaico en el que las teselas se juntan para formar el único gran diseño de Dios”.

“Esto debe impulsar a superar siempre cualquier conflicto que hiere el cuerpo de la Iglesia. Unidos en las diferencias: no hay otro camino católico para unirnos. Éste es el espíritu católico, el espíritu cristiano, unirse en las diferencias. Éste es el camino de Jesús”.

El palio, señaló el Papa, “siendo signo de la comunión con el Obispo de Roma, con la Iglesia universal, con el Sínodo de los Obispos, supone también para cada uno de ustedes el compromiso de ser instrumentos de comunión”.

“Confesar al Señor dejándose instruir por Dios; consumarse por amor de Cristo y de su evangelio; ser servidores de la unidad. Queridos hermanos en el episcopado, estas son las consignas que los santos apóstoles Pedro y Pablo confían a cada uno de nosotros, para que sean vividas por todo cristiano. Que la santa Madre de Dios nos guíe y acompañe siempre con su intercesión: Reina de los apóstoles, reza por nosotros. Amén”, concluyó.

Las riquezas ahogan las promesas de Dios-Papa Francisco




El papa reflexionó en la misa diaria del sábado sobre la Parábola del Sembrador ROMA, 22 de junio de 2013 (Zenit.org) - Las riquezas y los afanes del mundo "ahogan la Palabra de Dios". Es lo que ha afirmado esta mañana el papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. El papa señaló que nuestra vida está afirmada sobre tres pilares: elección, alianza y promesa, y aseguró que hay que confiar en el Padre al vivir el presente, sin preocuparse por lo que va a suceder. Según informa radio Vaticana, en la misa concelebrada entre otros, por el obispo de Santa Clara en Cuba, monseñor Arturo González, participó un grupo de empleados de los Museos Vaticanos.

  Un solo Señor "Nadie puede servir a dos señores".

El santo padre ha desarrollado su homilía a partir de las palabras de Jesús que, en el evangelio de hoy, se centra en el tema de las riquezas y de las preocupaciones. Jesús, dijo el papa, tiene "una idea clara acerca de esto": son "las riquezas y los afanes del mundo" los que ahogan la Palabra de Dios, son estas las espinas que ahogan la semilla que cayó en la tierra, de las que nos habla la Parábola del Sembrador:

"Las riquezas y los cuidados del mundo –explicó--, ahogan la Palabra de Dios y no la dejan crecer. Y la Palabra muere, porque no es conservada: es ahogada. En este caso, o se sirve a la riqueza o se sirve a las preocupaciones, pero no se sirve a la Palabra de Dios. Y esto también tiene un sentido temporal, porque la Palabra es un poco construida en el tiempo ¿no? No se preocupen por el día siguiente, de lo que harás mañana... También la Parábola del Sembrador es construida en el tiempo: siembra, después viene la lluvia y crece. ¿Qué hace en nosotros, qué hacen las riquezas y que cosa hacen las preocupaciones? Simplemente te quitan el tiempo".

Los tres pilares del hombre
Toda nuestra vida, continuó el papa, está basada en tres pilares: uno en el pasado, uno en el presente y otro en el futuro. El pilar del pasado, explicó, "es el de la elección del Señor". Cada uno de nosotros puede decir, efectivamente,  que el Señor "me ha elegido, me ha amado", "me ha dicho 'ven'" y con el Bautismo "me eligió para ir por un camino, el camino cristiano". El futuro, por el contrario, significa "caminar hacia una promesa", el Señor "nos ha hecho una promesa". El presente entonces, "es nuestra respuesta a este Dios tan bueno que me eligió".

Y observó también: "Hace promesa, me propone una alianza y yo hago una alianza con Él". Por lo tanto, estos son los tres pilares: "elección, alianza y promesa": "Los tres pilares de toda la historia de la Salvación. Pero cuando nuestro corazón entra en esto que nos dice Jesús, se reduce el tiempo: reduce el pasado, el futuro, y se funde en el presente. Y a aquello que está unido a las riquezas, no le importa el pasado o el futuro, tiene todo allí. La riqueza es un ídolo. No tiene necesidad de un pasado, de una promesa, de una elección: nada. Lo que me preocupa acerca de lo que puede pasar, corta su relación con el futuro. ‘¿Pero, puede durar esto?’, entonces el futuro se vuelve futurista, que no te orienta a ninguna promesa: permanece confuso, queda solo".


Hacia la promesa futura
Por esta razón, añadió Francisco, Jesús nos dice que, o se sigue el Reino de Dios o sino a las riquezas y a las preocupaciones mundanas. En el Bautismo, continuó, "somos elegidos en el amor" por Él, tenemos un "Padre que nos puso en camino". Y así, "el futuro también es alegre", porque "caminamos hacia una promesa". El Señor "es fiel, Él no defrauda", y por lo tanto estamos llamados a hacer "lo que podemos", sin decepción, “sin olvidar que tenemos un Padre en el pasado que nos ha elegido". Las riquezas y las preocupaciones, advirtió, son las dos cosas que "nos hacen olvidar nuestro pasado", que nos hacen vivir como si no tuviéramos un Padre.

Y también nuestro presente "es un presente que no va": "Olvidar el pasado, no aceptar el presente, desfigurar el futuro: esto es lo que hacen las riquezas y las preocupaciones. El Señor nos dice: '¡Pero, no te preocupes! Busquen el Reino de Dios y su justicia, todo lo demás vendrá'. Pidamos al Señor la gracia de no equivocarnos con las preocupaciones, con la idolatría de la riqueza y siempre tener memoria de que tenemos un Padre que nos ha elegido, recordar que este Padre nos promete algo bueno, que es caminar hacia aquella promesa y tener el valor de tomar el presente como viene. ¡Pidamos esta gracia al Señor!". Traducido por José Antonio Varela V.

"¿Corazón inquieto o cansado?"-Papa Francisco

Homilía Papa Francisco en Santa Marta 21 junio: "¿Corazón inquieto o cansado?"
En su homilía diaria en Santa Marta hoy 21 de junio, el Papa Francisco ha dicho que tenemos que pedir a Dios la gracia de un corazón que sepa amar y que no nos deje desviarnos en busca de tesoros inútiles.

La caza del único tesoro que se puede llevar consigo en la vida después de la vida es la razón de ser de un cristiano. Es lo que Jesús explica a los discípulos, en el pasaje del Evangelio de hoy, tomado de Mateo: “donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”. El problema, explicó el Papa Francisco, se encuentra en el no confundir las riquezas. Hay “tesoros peligrosos” que seducen “pero que debemos dejar”, aquellos acumulados durante la vida y que la muerte hace inútiles. El Pontífice constató con leve ironía: “jamás vi un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, jamás”. Pero también existe un tesoro que “podemos llevar con nosotros”, un tesoro que nadie puede robar, que no es – afirmó – “aquello que has acumulado para ti”, sino “aquello que has dado a los demás”:

Aquel tesoro que hemos dado a los demás, ese tesoro lo llevamos. Y ese será nuestro mérito – entre comillas, ¡pero es nuestro ‘merito’ de Jesucristo en nosotros! y aquello tenemos que llevarlo. Es aquello que el Señor nos deja portar. El amor, la caridad, el servicio, la paciencia, la bondad, la ternura, esos son tesoros bellísimos: aquellos que llevamos. No los otros ”.

Por lo tanto, como dice el Evangelio, el tesoro que vale a los ojos de Dios es aquel que ya desde la tierra se ha acumulado en el cielo. Pero Jesús, precisó el Santo Padre, da un paso más: ata el tesoro al “corazón”, crea una “relación” entre ambos términos. Esto, agregó, porque el nuestro “es un corazón inquieto”, que el Señor “ha hecho así para buscarlo”.

El Señor nos ha hecho inquietos para buscarlo, para encontrarlo, para crecer. Porque si nuestro tesoro es un tesoro que no está cerca del Señor, que no es del Señor, nuestro corazón se vuelve inquieto por cosas que no valen, por estos tesoros… Tanta gente, también nosotros somos inquietos… Por tener esto, por conseguir aquello al final nuestros corazón se cansa, no se conforma jamás : se cansa, se vuelve flojo, se vuelve un corazón sin amor. El cansancio del corazón. Pensemos en esto. ¿Qué cosa tengo: un corazón cansado, que sólo quiere acomodarse, con tres-cuatro cosas, una abundante cuenta bancaria, esto, o esto otro? ¿O un corazón inquieto, que cada vez más busca las cosas que no puede tener, las cosas del Señor? Siempre es necesaria esta inquietud del corazón”.

A este punto, continuó el Obispo de Roma, Cristo llama en causa también al “ojo”, que es símbolo “de la intención del corazón” y que se refleja sobre el cuerpo: un “corazón que ama” convierte al cuerpo en “luminoso”, un “corazón malo” lo hace oscuro. Del contraste luz-tiniebla, notó el Papa, depende “nuestro juicio sobre las cosas”, como por lo demás demuestra el hecho que de un “corazón de piedra”, “apegado a un tesoro de la tierra” – a “un tesoro egoísta” que puede también convertirse en un tesoro “del odio” – “se originan las guerras…”. La oración final de Francisco fue para que por intercesión de san Luis Gonzaga, que la Iglesia recuerda hoy, pidamos “la gracia de un corazón nuevo”, un “corazón de carne”:

Que el Señor vuelva humanos todos estos pedazos de corazón que son de piedra, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir adelante, buscándolo y dejándose buscar por Él. ¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos salvará de los tesoros que no pueden ayudarnos a lograr el encuentro con Él, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para conocer y juzgar según el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no en personas de las tinieblas

Fuente: RadioVaticana

Reconocerse con sinceridad débiles y pecadores.Papa Francisco



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Homilía del papa Francisco hoy viernes en Santa Marta

Por Redacción

ROMA, 14 de junio de 2013 (Zenit.org) - La única manera de recibir verdaderamente el don de la salvación de Cristo, está en reconocerse con sinceridad débiles y pecadores, evitando cualquier forma de autojustificación. Así lo ha dicho esta mañana el papa Francisco durante la homilía de la misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta.

Con el papa concelebraron el prefecto y secretario de la Congregación para el Clero, el cardenal Mauro Piacenza y el arzobispo Celso Morga, acompañados por los presbíteros y el personal del dicasterio. Según informa Radio Vaticana, también estuvieron el cardenal Giuseppe Bertello, el obispo de Humahuaca en Argentina, Pedro Olmedo Rivero, y el obispo emérito de Daet en Filipinas, Benjamin Almoneda.

Somos pecadores

Consciente de ser un recipiente de barro débil, el guardián de un gran tesoro que se le dio de una forma totalmente gratuita. Así es el seguidor de Cristo ante el Señor. Francisco pone el punto de reflexión en la Carta de Pablo a los cristianos de Corinto, mediante la cual explica que el "poder extraordinario" de la fe es obra de Dios, vertida en hombres pecadores, en "vasos de barro". Pero la relación "entre la gracia y el poder de Jesucristo" y nosotros pobres pecadores brota "el diálogo de la salvación." Pero este diálogo, añade el papa, debe evitar cualquier "autojustificación"; "se debe ser tal como somos".

"Pablo ha hablado muchas veces --es como un corillo, ¿no?--, de sus pecados. ‘Yo les digo: yo he sido un perseguidor de la Iglesia, he perseguido... ' Siempre vuelve a su memoria el pecado. Se siente pecador. Pero, aun así, no dice: "Yo he sido, pero ahora soy santo", no. Incluso ahora, habla de un aguijón de Satanás en mi carne. Nos hace ver nuestra propia debilidad. El propio pecado. Es un pecador que acoge a Jesucristo. Habla con Jesucristo".

La clave, indica el papa, es por lo tanto la humildad. Pablo mismo lo demuestra. Él reconoce públicamente, "su curriculum de servicio", o todo que haya hecho como apóstol enviado por Jesús. Pero no por esto oculta o se esconde lo que el papa llama "su prontuario", es decir, sus pecados.

Vivir en humildad

"Asimismo, este es el modelo de humildad para nosotros los presbíteros. Si nosotros nos enorgullecemos solo de nuestro curriculum y nada más, terminaremos mal. No podemos proclamar a Jesucristo Salvador, porque en el fondo no lo sentimos. Pero tenemos que ser humildes, pero con una verdadera humildad, con nombre y apellido: ‘Soy un pecador por esto, por esto y por esto’. Como lo hace Pablo: ‘Yo perseguí a la Iglesia’, como lo hace él, pecadores concretos. No pecadores con esa humildad que más parece una cara de estampita, ¿no? ¡Oh no!, una humildad fuerte".

"La humildad del presbítero, la humildad del cristiano es concreta", afirma el papa Francisco, por lo tanto, si un cristiano no puede "hacer por sí mismo e incluso la Iglesia, esta confesión, algo está mal". Y no ir primero, es no ser capaz de "entender la belleza de la salvación que Jesús nos trae".

Cristo, nuestro tesoro

"Hermanos, tenemos un tesoro: a Jesucristo, el Salvador. La Cruz de Jesucristo, aquel tesoro del cual nos sentimos orgullosos. Pero lo tenemos en una olla de barro. Podemos vanagloriarnos también de nuestro prontuario, de nuestros pecados. Y así el diálogo es cristiano y católico: concreto porque la salvación de Jesucristo es concreta. Jesucristo no nos ha salvado con una idea, con un programa intelectual, no. Nos ha salvado con la carne, con lo concreto de la carne. Se ha abajado, hecho hombre, se ha hecho carne hasta el final. Pero solo se puede entender, solo se puede recibir, en vasos de barro".

Incluso la mujer samaritana que se encuentra con Jesús, después de hablar con él le cuenta a sus paisanos antes su pecado, y luego de haber encontrado al Señor se comporta de una manera similar a Pablo. "Yo creo, observa el papa Francisco, que esta mujer está seguramente en el cielo”. “Porque como dice Manzoni: ‘Yo nunca he encontrado que el Señor haya comenzado un milagro sin terminarlo bien', y este milagro que Él ha comenzado definitivamente lo ha acabado bien en el Cielo.

"Pidámosle, concluye el papa, “que nos ayude a ser vasijas de barro para llevar y entender el misterio glorioso de Jesucristo".

Traducido por José Antonio Varela V.



"Ni volver atrás, ni un progresismo adolescente"-Papa Francisco


El papa Francisco ha invitado este miércoles en Santa Marta a abrirse a la libertad del Espíritu Santo

Roma, 12 de junio de 2013 (Zenit.org) Redacción | 723 hitos

No debemos tener miedo a la libertad que nos da el Espíritu Santo: es lo que ha subrayado hoy miércoles el papa Francisco durante la misa celebrada en la Casa Santa Marta. Señaló que en este momento la Iglesia tiene que tener cuidado con dos tentaciones: aquella de volver hacia atrás y la del "progresismo adolescente".

Concelebraron con el papa el cardenal marfileño emérito Bernard Agre, y el cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. También participó un grupo de presbíteros, religiosos y laicos de dicho dicasterio.

Maduros ante la ley

"No piensen que he venido para abrogar la ley". Francisco ha desarrollado su homilía a partir de estas palabras de Jesús a sus discípulos, y ha indicado que este pasaje sigue al de las Bienaventuranzas, "expresión de la nueva ley", más exigente que la de Moisés. Esta ley, añadió el papa, es "el fruto de la Alianza", y no se puede entender sin ella. "Esta Alianza --dijo-- esta Ley es sagrada porque llevaba la gente a Dios". Comparó la "madurez de esta Ley" al "brote que sale y se vuelve flor". Jesús --dijo-- "es la expresión de la madurez de la Ley" y ha añadido que Pablo habla de dos tiempos "sin cortar la continuidad" entre la ley de la historia y la ley del Espíritu:

"El tiempo del cumplimiento de la Ley, el momento en que la Ley alcanza su madurez: es la Ley del Espíritu. Este avanzar por este camino es un poco arriesgado, pero es la única forma de madurez, para salir de las veces en las que no fuimos maduros. En este camino hacia la madurez de la Ley, que se da precisamente con la predicación de Jesús, siempre existe el miedo, miedo a la libertad que nos da el Espíritu. ¡La ley del Espíritu que nos hace libres! Esta libertad nos da un poco de miedo, porque tenemos miedo de confundir la libertad del Espíritu con otra libertad humana".

No volver atrás

La ley del Espíritu, insistió, "nos lleva en un camino de continuo discernimiento para hacer la voluntad de Dios y esto nos da miedo. Un miedo, advirtió, que "tiene dos tentaciones". La primera, es la de "volver hacia atrás", de decir que "se puede hasta aquí, no se puede por allá", y luego con el tiempo "nos quedamos aquí". Esta, advirtió, "es un poco la tentación del miedo a la libertad, el miedo del Espíritu Santo". Un temor ante lo que "es mejor ir a lo seguro". El papa contó de un superior general que, en los años treinta, había "prescrito todo tipo de reglas anticarisma" para sus religiosos, "un trabajo de años". Así fue que llegó a Roma para encontrar un abad benedictino que, al oír este hecho, le dijo que al final habría "matado el carisma de la congregación", "habría matado la libertad", ya que "este carisma da frutos en la libertad y él había frenado el carisma".

"Existe esta tentación de volver atrás, porque estamos más 'seguros' atrás: pero la seguridad plena está en el Espíritu Santo que te lleva hacia adelante, y lo que da esa confianza --como dice Pablo-- es el Espíritu, que es más exigente porque Jesús nos dice: "En verdad les digo: hasta que no hayan pasado los cielos y la tierra, no pasará ni un ápice de la ley". ¡Es más exigente! Pero no nos da aquella seguridad humana. No podemos controlar al Espíritu Santo: ¡Ese es el problema! Esto es una tentación".

La tentación del relativismo

Luego dijo que hay otra tentación, aquella del "progresismo adolescente", que nos hace "salir del camino". Ver la cultura y "no estar tan distanciados" de la misma: "Tomamos de un lado o de otro, los valores de esta cultura... ¿Quieren hacer esta ley? Adelante con esta ley. ¿Quieren seguir adelante con lo otro? Ampliemos un poco el camino. Al final, como he dicho, no es un verdadero progresismo. Es un progresismo adolescente: como los adolescentes que quieren tener todo con entusiasmo, ¿y al final?, se desliza... Es como cuando el camino está congelado por la escarcha y el coche resbala y se sale del camino... ¡Es otra tentación de ese momento! Nosotros, en este momento de la historia de la Iglesia, ¡no podemos volver atrás ni salirnos fuera de la carretera!"

El camino, dijo, "es el de la libertad en el Espíritu Santo, que nos hace libres; del continuo discernimiento acerca de la voluntad de Dios para seguir adelante en este camino, sin tener que volver atrás y sin salirnos fuera del camino". Pidamos al Señor, concluyó, "la gracia que nos da el Espíritu Santo para seguir adelante."

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

(12 de junio de 2013) © Innovative Media Inc.

El anuncio del Evangelio debe ir por el camino de la pobreza-Papa Francisco

Todos tenemos necesidad de la luz de la fe, dice el Papa a invidentes

Papa Francisco. Foto: News.va
VATICANO, 11 Jun. 13 / 10:09 am (ACI).- En su homilía en la Misa celebrada esta mañana en la Capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francisco remarcó que las obras de la Iglesia, a pesar de que algunas son un poco complejas, se deben realizar “con corazón de pobreza, no con corazón de inversión o de empresario”.

El Santo Padre subrayó que “el anuncio del Evangelio debe ir por el camino de la pobreza. El testimonio de esta pobreza: no tengo riquezas, mi riqueza es sólo el don que he recibido, Dios”.

“Esta gratuidad: ¡ésta es nuestra riqueza! Y esta pobreza nos salva del convertirnos en organizadores, empresarios”.

El Papa subrayó el mandamiento de Jesús “gratuitamente han recibido, den gratuitamente”, y advirtió que “cuando nosotros pretendemos hacer en forma tal que la gracia es dejada de lado, el Evangelio no es eficaz”.

“La predicación evangélica nace de la gratuidad, del estupor de la salvación que viene y de aquello que yo he recibido gratuitamente, debo darlo gratuitamente”, dijo el Papa, señalando que los apóstoles “actuaron así desde el inicio”.

“San Pedro no tenía una cuenta bancaria, y cuando tuvo que pagar los impuestos el Señor lo envió al mar a pescar un pez y encontrar la moneda dentro del pez, para pagar. Felipe, cuando encontró al ministro de economía de la reina Candace, no pensó: ‘Ah, bien, hagamos una organización para sostener el Evangelio…’ ¡No! No ha hecho un ‘negocio’ con él: anunció, bautizó y se marchó”.

Francisco indicó que “la Iglesia no es una ONG. Es otra cosa, más importante, y nace de esta gratuidad. Recibida y anunciada”.

La pobreza “es uno de los signos de esta gratuidad”, al tiempo que el otro signo es “la capacidad de alabanza. Cuando un apóstol no vive esta gratuidad, pierde la capacidad de alabar al Señor”.

Alabar al Señor, dijo el Papa, “es esencialmente gratuito, es una oración gratuita: no pedimos, sólo alabamos”.

El Reino de Dios, señaló el Santo Padre, “es un don gratuito” y advirtió que desde los orígenes de la comunidad cristiana existió “la tentación de buscar afuera”, lo que causa confusión, pues en esos casos “el anuncio parece proselitismo, y por ese camino no se avanza”.

Sin embargo, remarcó, “nuestra fuerza es la gratuidad del Evangelio”, pues el Señor “nos ha invitado a anunciar, no a hacer prosélitos”.

Citando a Benedicto XVI, Francisco subrayó que “la Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción”, y esa atracción viene del testimonio de “aquellos que desde la gratuidad anuncian la gratuidad de la salvación”.

Cuando encontramos apóstoles que quieren hacer una Iglesia rica y una Iglesia sin la gratuidad de la alabanza, la Iglesia envejece, la Iglesia se convierte en una Organización No Gubernamental, la Iglesia no tiene vida”, advirtió.

El Santo Padre exhortó a los fieles a pedirle al Señor “la gracia de reconocer esta gratuidad: ‘Gratuitamente han recibido, den gratuitamente’. Reconocer esta gratuidad, aquel don de Dios. Y también nosotros avanzar en la predicación evangélica con esta gratuidad”.

Las Bienaventuranzas "son los nuevos mandamientos", dice el Papa

Las Bienaventuranzas "son los nuevos mandamientos", dice el Papa

VATICANO, 10 Jun. 13 / 10:15 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco señaló esta mañana, en la habitual homilía de la Misa diaria que celebra en la Casa Santa Marta en donde reside, que las Bienaventuranzas "son los nuevos mandamientos" y solo pueden comprenderse si se abre el corazón a la acción del Espíritu Santo.

¿Qué es el consuelo para un cristiano? El Papa Francisco comenzó su homilía señalando que San Pablo, al comienzo de la segunda carta a los Corintios, utiliza varias veces la palabra consuelo. El Apóstol de los gentiles, añadió, "se dirige a los cristianos jóvenes en la fe", personas que "han comenzado hace poco el camino de Jesús".

E insiste en esto, aunque "no todos fueron perseguidos". Eran gente normal "pero que habían encontrado a Jesús". Esto, dijo, "es un cambio de vida tal, que se necesitaba una fuerza especial de Dios", y esta fuerza es el consuelo. El consuelo, volvió a decir, "es la presencia de Dios en nuestro corazón". Pero, advirtió, para que el Señor "esté en nuestro corazón, se debe abrir la puerta", requiere nuestra "conversión":

"La salvación es esto: vivir en el consuelo del Espíritu Santo, no vivir en el consuelo del espíritu del mundo. No, esa no es salvación, eso es pecado. La salvación es seguir adelante y abrir el corazón, para que llegue ese consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación. ¿Pero no se puede negociar un poco de aquí y un poco de allá? Hacer como una ensalada de frutas, digamos, ¿no? Un poco del Espíritu Santo, un poco del espíritu del mundo... ¡No! Una cosa o la otra".

El Señor, prosiguió el Santo Padre, fue claro: "No se puede servir a dos amos: porque o se sirve al Señor, o se sirve al espíritu del mundo". No se puede ‘mezclar’. He aquí, pues, que cuando estamos abiertos al Espíritu del Señor, podemos entender la ‘nueva ley que el Señor nos trae: las Bienaventuranzas’, de las que habla el evangelio de hoy". Estas bienaventuranzas, añadió, "solo se entienden si uno tiene un corazón abierto, se entienden mediante el consuelo del Espíritu Santo", mientras que "no se pueden entender solo con la inteligencia humana".

Francisco dijo luego que las Bienaventuranzas "son los nuevos mandamientos. Pero si no tenemos el corazón abierto al Espíritu Santo, les parecerán una tontería. 'Pero mire, ser pobre, ser manso, ser misericordioso no parece ser una cosa que nos lleva al éxito'. Si no tenemos el corazón abierto y si no gozamos de aquel consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación, no se entiende esto. Esta es la ley para los que han sido salvados y han abierto su corazón a la salvación. Esta es la ley de los libres, con la libertad del Espíritu Santo".

Uno, dijo Francisco, "puede regular su vida, organizarla en una lista de mandamientos o procedimientos," una lista "meramente humana". Pero esto "al final no nos lleva a la salvación", solo un corazón abierto nos lleva a la salvación. Recordó que muchos estaban interesados en "examinar", la "nueva doctrina y luego discutir con Jesús".

Y esto se daba porque "tenían el corazón cerrado en sus propias cosas", "cosas que Dios quería cambiar". ¿Por qué, entonces -se preguntó el Papa-, hay personas que "tienen el corazón cerrado a la salvación?" Porque, respondió, "tenemos miedo de la salvación. La necesitamos, pero tenemos miedo", porque cuando el Señor venga "para salvarnos tenemos que darlo todo. ¡Y manda Él! Y tenemos miedo de esto", porque "queremos controlarlo nosotros". Y agregó que, con el fin de entender "estos nuevos mandamientos", necesitamos de la libertad que "nace del Espíritu Santo, que nos salva, que nos consuela" y "da la vida":

"Podemos pedir al Señor hoy la gracia de seguirlo, pero con esta libertad. Porque si queremos seguirle solamente con nuestra libertad humana, al final nos convertimos en hipócritas como aquellos fariseos y saduceos, aquellos que peleaban con Él. La hipocresía es lo siguiente: no permitir que el Espíritu cambie el corazón con su salvación".

"La libertad del Espíritu, que nos da el Espíritu, es también una especie de esclavitud, pero una "esclavitud" al Señor que nos hace libres, es otra libertad. En cambio, nuestra libertad es una esclavitud, pero no para el Señor, sino para el espíritu del mundo. Pidamos la gracia de abrir nuestro corazón al consuelo del Espíritu Santo, para que este consuelo, que es la salvación, nos permita comprender bien estos mandamientos".

Más difícil que amar a Dios es dejarse amar por Él-Papa Francisco

Roma, 07 de junio de 2013 (Zenit.org)


  Dejarse amar por el Señor con ternura es difícil, pero es lo que tenemos que pedirle a Dios. Esta fue la invitación del papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. Concelebró el archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, arzobispo Jean-Louis Bruguès, y el prefecto, monseñor Sergio Pagano, mientras acompañaron parte del personal del Archivo Secreto Vaticano.

  Jesús nos amó tanto, no con palabras sino con hechos y con su vida. El papa lo repitió varias veces en la homilía de hoy, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que él llama "la fiesta del amor", de un "corazón que ha amado tanto". Un amor que, como repetía San Ignacio, "se manifiesta más en las obras que en las palabras" y que es especialmente "más un dar que recibir".


  Bases del amor de Dios

"Estos dos criterios --destacó el papa--, son como los pilares del amor verdadero", y es el Buen Pastor el que representa en todo el amor de Dios. Él conoce a sus ovejas una a una, "porque el amor no es amor abstracto o general: es el amor hacia cada uno". "Un Dios que se hace cercano por amor, camina con su pueblo, y este caminar llega a un punto que es inimaginable.

Nunca se puede pensar que el mismo Señor se hace uno de nosotros y camina con nosotros, se queda con nosotros, permanece en su Iglesia, en la Eucaristía sigue presente, sigue estando en su Palabra, permanece en los pobres, se queda con nosotros para caminar.

Y esta es la cercanía: el pastor cerca de su rebaño, cerca de sus ovejas, que las conoce una por una". Explicando todavía un pasaje del libro del profeta Ezequiel, Francisco pone de relieve otro aspecto del amor de Dios: el cuidado de la oveja perdida y por aquella herida y enferma: "¡La ternura! Pero si el Señor nos ama tiernamente.

El Señor sabe aquella hermosa ciencia de las caricias, aquella ternura de Dios. No se ama con las palabras. Él se acerca --cercanía--, y nos da aquel amor con ternura. ¡Cercanía y ternura! Estos dos estilos del Señor que se hace cercano y da todo su amor con las cosas aún más pequeñas: con la ternura. Y este es un amor fuerte, porque la cercanía y la ternura nos hacen ver la fortaleza del amor de Dios ".

  Llamados a amar

"Pero ¿ustedes aman como yo los he amado?", fue esta la pregunta que se plantea el papa, haciendo hincapié en cómo el amor debe "hacerse cercano al projimo", debe ser "como el del buen samaritano", y en particular, en el signo de la "cercanía y la ternura".

 ¿Pero cómo devolver todo este amor al Señor? Este fue el otro punto en el que se detuvo Francisco: sin duda "amándolo", hacerse "cercano a Él", "tierno con Él", pero esto no es suficiente: "Esto puede sonar como una herejía, ¡pero es la verdad más grande! 

Más difícil que amar a Dios es dejarse amar por Él! La manera de devolver tanto amor es abrir el corazón y dejarse amar. Dejar que Él esté cerca de nosotros y sentirlo cerca. Permitirle que sea tierno, que nos acaricie. Eso es muy difícil: dejarse amar por Él. Y esto es quizás lo que debemos pedir hoy en la misa: "Señor, yo quiero amarte, ¡pero enséñame la difícil ciencia, el difícil hábito de dejarme amar por Tí, de sentirte cercano y tierno!. Que el Señor nos dé esta gracia".


Traducido del italiano por José Antonio Varela V.
(07 de junio de 2013) © Innovative Media Inc.

La idolatría nos aleja del Reino-Papa Francisco



Roma, 06 de junio de 2013 (Zenit.org) Redacción | 327 hitos

Cada uno de nosotros vive con pequeñas o grandes idolatrías, pero el camino que nos lleva a Dios pasa por un amor que es exclusivo a Èl, como Jesús nos lo enseñó. Lo afirmó así este jueves el papa Francisco en la misa matutina de la Casa Santa Marta.

Han concelebrado con el papa tres altos prelados, el arzobispo de Curitiba en Brasil, José Vitti; de Ibiza en España, Juan Segura, y de Sagar en la India, Chirayath Anthony. Según informa Radio Vaticana, también asistieron empleados de la Biblioteca Apostólica Vaticana, acompañados por el viceprefecto Ambrogio Paizzoni, y un grupo de personal de la Universidad Lateranense, acompañados por el vicerrector, monseñor Patrick Valdrini.

Lejos del Reino

Cuando el escriba se acercó a Jesús para preguntarle lo que, según él, es "el primero de todos los mandamientos" es probable que su intención no fuera tan inocente. Es así como el papa Francisco inicia la homilía evaluando el comportamiento del hombre que, en la narración evangélica de la liturgia de hoy, se dirige a Cristo dando la impresión de "meterlo a la prueba", si no es de "hacerlo caer en la trampa".

Y cuando --a la cita bíblica de Jesús: "Escucha, oh Israel. El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno"--, el escriba responde aprobando, el Papa llama la atención sobre el comentario de Cristo: "No estás lejos del reino de Dios". En esencia, dice el papa Francisco, con el "no está lejos", Jesús quería decirle al escriba: "Sabes muy bien la teoría", pero "todavía te falta una distancia hacia el Reino de Dios", es decir, debes caminar para transformar en "realidad este mandamiento ", ya que "la confesión de Dios" se hace en el "camino de la vida".

No a las idolatrías

Añadiò el santo padre que "no basta decir: 'Pero yo creo en Dios, Dios es el único Dios'. Está bien, pero ¿cómo vives este camino de vida? Porque podemos decir: 'El Señor es el único Dios, solamente, no hay otro', pero a la vez vivir como si Él no fuera el único Dios y tener otras deidades a nuestra disposición... Es el peligro de la idolatría: la idolatría que llega a nosotros con el espíritu del mundo. Y Jesús, en esto, era claro: el espíritu del mundo, no. Y en la última Cena Jesús pide al Padre que nos defienda del espíritu del mundo, porque el espíritu del mundo nos lleva a la idolatría".

"La idolatría --continúa el papa Francisco, es sutil", todos nosotros "tenemos nuestros ídolos ocultos" y "el camino de la vida para llegar, para no estar lejos del Reino de Dios", implica "descubrir los ídolos ocultos". Un comportamiento que ya se encuentra en la Biblia --recuerda--, se lee en el episodio en el que Raquel, mujer de Jacob, finge no tener consigo ídolos, los cuales ha llevado de la casa de su padre y los ha escondido detrás de su caballo. También nosotros, dijo Francisco, "lo hemos escondido en un caballo nuestro... Pero tenemos que buscarle y debemos destruirlo", porque la única manera de seguir a Dios es la de un amor basado en la "lealtad".

Ahuyentar los ídolos

"Y la lealtad --prosiguió--, nos pide que ahuyentemos los ídolos, descubrirlos: están ocultos en nuestra personalidad, en nuestra forma de vida. Pero estos ídolos ocultos hacen que no seamos fieles en el amor. El apóstol Santiago, cuando dice: 'Quien es amigo del mundo, es enemigo de Dios', comienza diciendo: '¡Ustedes adúlteros!'. Nos reprocha, pero con el adjetivo: ¡adúlteros! ¿Por qué? Porque quien es "amigo" del mundo es un idólatra, ¡no es fiel al amor de Dios!

 El camino para no estar lejos, para avanzar en el Reino de Dios, es un camino de lealtad que se asemeja al del amor conyugal".


Mientras que "con las pequeñas idolatrías que tenemos", ¿cómo es posible --concluye el papa Francisco--, no ser fiel "a un amor tan grande?". Para ello, es necesario confiar en Cristo, que es "fidelidad plena" y que "nos ama tanto".


"Podemos preguntarle ahora a Jesús: 'Señor, tú que eres tan bueno, enséñame el camino para estar cada día menos lejos del Reino de Dios, aquella manera para ahuyentar todos los ídolos'. 

Es difícil, pero tenemos que empezar... Los ídolos ocultos en los muchos caballos que tenemos en nuestra personalidad, en nuestra forma de vida: mandar lejos el ídolo de lo mundano, que nos lleva a convertirnos en enemigos de Dios. Pidamos esta gracia en Jesús, hoy."

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.

Lamentarse ante Dios no es pecado-Papa Francisco




Lamentarse de los propios sufrimientos ante Dios no es pecado, sino una oración del corazón que llega al Señor: así lo afirmó el Papa esta mañana en la Misa en Santa Marta. Estaban presentes algunos miembros de la Congregación para el Culto Divino y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Concelebraron, entre otros, el cardenal Antonio Cañizares Llovera, mons. Cesare Pasini y mons. Joseph Di Noia. La historia de Tobit y Sara, recogida en la primera lectura del día, fue el centro de la homilía del Papa: dos personas justas que viven situaciones dramáticas.
El primero se vuelve ciego a pesar de realizar obras buenas, incluso arriesgando la vida; la segunda se desposa con siete hombres que mueren antes de la noche de bodas. Ambos, en su inmenso dolor, piden a Dios que les haga morir. “Son personas en situaciones límite – observa el Papa – situaciones precisamente en el subsuelo de la existencia, y buscan una salida. Se lamentan” pero “no blasfeman”:

"Mi hermano sufre, mi hermana sufre. Este es... el misterio de la comunión de los Santos"

Hay muchas personas que viven casi al límite, subrayó el Papa: niños desnutridos, prófugos, enfermos terminales

Lamentarse de los propios sufrimientos ante Dios no es pecado, sino una oración del corazón que llega al Señor: así lo afirmó el Papa esta mañana en la Misa en Santa Marta. Estaban presentes algunos miembros de la Congregación para el Culto Divino y de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Concelebraron, entre otros, el cardenal Antonio Cañizares Llovera, monseñor Cesare Pasini y monseñor Joseph Di Noia.

La historia de Tobit y Sara, recogida en la primera lectura del día, fue el centro de la homilía del Papa: dos personas justas que viven situaciones dramáticas. El primero se vuelve ciego a pesar de realizar obras buenas, incluso arriesgando la vida; la segunda se desposa con siete hombres que mueren antes de la noche de bodas. Ambos, en su inmenso dolor, piden a Dios que les haga morir. "Son personas en situaciones límite - observa el Papa - situaciones precisamente en el subsuelo de la existencia, y buscan una salida. Se lamentan" pero "no blasfeman".

"Y lamentarse ante Dios no es pecado. Un sacerdote que conozco una vez le dijo a una mujer que se lamentaba ante Dios por sus calamidades: ''Pero, señora, esa es una forma de oración. Siga adelante''. El Señor escucha nuestros lamentos. Pensemos en los grandes, en Job, cuando en el capítulo III (dice): ''Maldito el día en que nací''. Y también Jeremías, en el capítulo XX: ''Maldito el día...''. Se lamentan incluso con una maldición, no al Señor, sino a esa situación, ¿no? Esto es humano".

Hay muchas personas que viven casi al límite, subrayó el Papa: niños desnutridos, prófugos, enfermos terminales. En el Evangelio del día - observa - están los Saduceos que presentan el caso límite de una mujer, viuda de siete hombres. No hablaban de este caso con el corazón:

"Los saduceos hablaban de esta mujer como si fuese un laboratorio, todo aséptico, todo... Era un caso de moral. Nosotros, cuando pensamos en esta gente que sufre tanto, ¿pensamos como si fuese un caso de moral, puras ideas, ''pero, en este caso... este caso...'', o pensamos con nuestro corazón, con la nuestra carne, también? A mí no me gusta cuando se habla de estas situaciones de manera tan académica y no humana, a veces con las estadísticas... pero sólo así. En la Iglesia hay muchas personas en esta situación".

En estos casos - afirma el Papa - hay que hacer lo que dice Jesús, rezar:

"Rezar por ellos. Ellos deben entrar en mi corazón, deben ser una inquietud para mí: mi hermano sufre, mi hermana sufre. Este es... el misterio de la comunión de los Santos: rezar al Señor: ''Pero, Señor, mira a ese: llora, sufre''. Rezar, permitidme que lo diga, con la carne: que nuestra carne rece. No con las ideas. Rezar con el corazón".

Y las oraciones de Tobit y Sara, que aunque pedían la muerte se dirigen al Señor, nos dan esperanza - subraya el Papa - porque son acogidas por Dios a su manera, que no les hace morir sino que cura a Tobit y da finalmente un marido a Sara: "La oración - explica - siempre llega a la gloria de Dios, siempre, cuando es oración desde el corazón". En cambio, "cuando es un caso de moral, como este del que hablaban los saduceos, no llega nunca, porque no sale nunca de nosotros mismos: no nos interesa. Es un juego intelectual".

El Papa Francisco invita, finalmente, a rezar por cuantos viven situaciones dramáticas y sufren mucho y como Jesús en la cruz gritan: "Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?".

Oremos - concluyó -"para que nuestra oración llegue y sea un poco de esperanza para todos nosotros". (RD/Agencias)

La hipocresía es el lenguaje preferido de los corruptos-Papa Francisco

La hipocresía es el lenguaje de la corrupción, dice el Papa Francisco

VATICANO, 04 Jun. 13 / 11:04 am (ACI/EWTN Noticias).- En la Misa que presidió esta mañana en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco señaló que un cristiano no utiliza un "lenguaje socialmente educado", propenso a la hipocresía, sino más bien se hace portavoz de la verdad del Evangelio con la misma transparencia de los niños.

La escena evangélica del impuesto al César, y la pregunta tramposa de los fariseos y de los partidarios de Herodes a Cristo sobre la legitimidad de aquel tributo, dio al Papa motivo para su reflexión de hoy en continuidad con la homilía del lunes.

La intención con la que se acercan a Jesús, afirmó, es la de hacerlo "caer en la trampa". La pregunta si sea contrario o no a pagar los impuestos al César es planteada "con palabras suaves, con palabras bellas, con palabras edulcoradas". "Pretenden –agregó– mostrarse amigables". Pero todo es falso. Porque, explicó Francisco, "estos no aman la verdad" sino sólo a sí mismos, "y así buscan engañar, involucrar al otro en su mentira. Tienen el corazón mentiroso, no pueden decir la verdad":

La hipocresía es el lenguaje preferido de los corruptos. "La hipocresía es precisamente el lenguaje de la corrupción. Y cuando Jesús habla a sus discípulos, dice: ‘¡Cuando digan ‘sí’, que sea sí, y cuando digan ‘no’, que sea no!’. La hipocresía no es un lenguaje de verdad, porque la verdad jamás va sola. ¡Jamás! ¡Va siempre con el amor! No hay verdad sin amor. El amor es la primera verdad. Si no hay amor, no hay verdad. Estos quieren una verdad esclava de los propios intereses. Podemos decir que hay un amor: pero es el amor de sí mismos, el amor a sí mismos. Aquella idolatría narcisista que los lleva a traicionar a los otros, los lleva a los abusos de confianza".

El Papa dijo que aquello que parece un "lenguaje persuasivo", insistió el Obispo de Roma, lleva en cambio "al error, a la mentira". El Pontífice hizo notar que aquellos que hoy se acercan a Jesús y "parecen tan amables con el lenguaje, son los mismos que el jueves, al anochecer, irán a apresarlo en el Huerto de los Olivos, y el viernes lo llevarán ante Pilato". En cambio, Jesús pide a quien lo sigue exactamente lo contrario, una lengua "si, si, no, no", una "palabra de verdad y con amor":

"Y la mansedumbre que Jesús quiere de nosotros no tiene nada, nada de esta adulación, nada que ver con esta forma edulcorada de avanzar. ¡Nada! La mansedumbre es simple; es como aquella de un niño. Y un niño no es hipócrita, porque no es corrupto. Cuando Jesús nos dice: ¡Cuando digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no! con espíritu de niños, se refiere al contrario de la forma de hablar de estos".

La última consideración del Santo Padre se refirió a una "cierta debilidad interior", estimulada por la "vanidad", por la que, constató, "nos gusta que digan cosas buenas de nosotros". Esto "lo saben los corruptos" y "tratan de debilitarnos con ese lenguaje":

"Pensemos bien: ¿cuál es nuestra lengua hoy? ¿Hablamos con verdad, con amor, o hablamos un poco con aquel lenguaje social de seres educados, también diciendo cosas bellas, pero que no sentimos? ¡Que nuestro hablar sea evangélico, hermanos! Estos hipócritas que comienzan con el halago, la adulación y todo esto, terminan, buscando falsos testimonios para acusar a quien habían halagado. Pidamos hoy al Señor que nuestro hablar sea el hablar de los simples, hablar de niño, hablar de hijos de Dios, hablar en verdad del amor", concluyó el Santo Padre.

Concelebró con el Papa el Padre Hans Zollner, del Instituto de Psicología de la Universidad Gregoriana, presidente del comité organizador del Simposio "Hacia la curación y la renovación" (2012) y uno de los fundadores del Centro para la Protección de Menores que la Pontificia Universidad Gregoriana ha instituido en Múnich, Alemania. Al final de la Misa, Francisco encontró al Padre Zollner, reiterándole su deseo que se continúe la lucha contra los abusos en la Iglesia

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La Iglesia no es una organización de cultura-Papa Francisco

Homilía del papa Francisco en la misa de este sábado en Santa Marta

“La Iglesia no es una organización de cultura” sino que es “la familia de Jesús”. Lo ha subrayado el papa Francisco en la misa celebrada esta mañana en la Casa de Santa Marta. El papa ha subrayado que los cristianos no deben tener vergüenza de vivir con el escándalo de la Cruz y les ha exhortado a no dejarse “atrapar por el espíritu del mundo”.Según informa Radio Vaticana, en la misa, concelebrada con el cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Lucas Ortega y Alamino, participó un grupo de caballeros de Su Santidad.

¿Con qué autoridad hacéis estas cosas? El papa Francisco ha desarrollado su homilía partiendo de la pregunta dirigida a Jesús por los escribas y los sumos sacerdotes. Una vez más, ha observado, quieren tender “una trampa” al Señor, tratando de llevarlo “contra la pared”, de hacerle equivocarse.

Pero ¿cuál es -se pregunta el papa- el problema que esta gente tenía con Jesús? ¿Son quizás los milagros que hacía? No, no es esto. En realidad, ha afirmado, “el problema que escandalizaba a esta gente era el de que los demonios gritaban a Jesús: '¡Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Santo!'”. Este “es el centro”, esto escandaliza de Jesús: “Él es Dios que se ha encarnado”. También a nosotros, ha proseguido, “nos tienden trampas en la vida”, pero lo que “escandaliza de la Iglesia es el misterio de la Encarnación del Verbo”. Y “esto no se tolera, esto el demonio no lo tolera”.

“Cuántas veces se oye decir: 'Pero, vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, ¡razonables!'. Este es un discurso de encantadores de serpientes: 'Pero, sed así ¿no?, un poco más normales, no seáis tan rígidos...' Pero detrás de esto está: 'Pero, no vengáis con historias ¡que Dios se ha hecho hombre! La Encarnación del Verbo, ¡ese es el escándalo que está detrás! Podemos hacer todas las obras sociales que queramos, y dirán: 'Pero qué buena la Iglesia, qué buena la obra social que hace la Iglesia' Pero si decimos que hacemos esto porque aquellas personas son la carne de Cristo, viene el escándalo. Y esa es la verdad, esa es la revelación de Jesús: esa presencia de Jesús encarnado”.

Y “este es el punto”, ha subrayado el papa Francisco: “Siempre estará la seducción de hacer cosas buenas sin el escándalo del Verbo Encarnado, sin el escándalo de la Cruz”. Debemos en cambio “ser coherentes con este escándalo, con esta realidad que escandaliza”. Es “mejor así: la coherencia de la fe”.

El papa ha recordado lo que afirma el apóstol Juan: “Quienes niegan que el Verbo ha venido en la carne son del anticristo, son el anticristo”. Por otra parte, ha añadido, “sólo aquellos que dicen que el Verbo ha venido en carne son del Espíritu santo”. El papa Francisco ha afirmado que “nos hará bien a todos pensar esto: la Iglesia no es una organización de cultura, ni de religión, ni social”.

“La Iglesia es la familia de Jesús. La Iglesia confiesa que Jesús es el Hijo de Dios venido en la carne: ese es el escándalo, y por esto perseguían a Jesús. Y al final, aquellos que no había querido decir Jesús a estos --¿con qué autoridad haces esto? -- lo dice al sumo sacerdote. 'Pero, al final di: ¿Tú eres el Hijo de Dios? --'¡Sí¡'. Condenado a muerte por ello. Este es el centro de la persecución. Si nos convertimos en cristianos razonables, cristianos sociales, cristianos de beneficencia solo, ¿cuál será la consecuencia? Que no tendremos nunca mártires: esa será la consecuencia”.

Cuando en cambio nosotros cristianos decimos esta verdad, que “El Hijo de Dios ha venido y se ha hecho carne”, cuando nosotros predicamos el escándalo de la Cruz, vendrán las persecuciones, vendrá la Cruz” y eso “será bueno”, “así es nuestra vida”.

“Pidamos al Señor no tener vergüenza de vivir con este escándalo de la Cruz. Y también la sabiduría: pidamos la sabiduría de no dejarnos atrapar por el espíritu del mundo, que siempre nos hará propuestas educadas, propuestas civiles, propuestas buenas pero detrás de ellas está la negación del hecho de que el Verbo ha venido en la carne, de la Encarnación del Verbo. Que al final es eso lo que escandaliza a aquellos que persiguen a Jesús, es eso lo que destruye la obra del diablo. Así sea”.
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